Las facturas de invierno están subiendo, las viviendas están mejor aisladas y aquella vieja regla de los 19 °C de repente parece un poco desfasada.
Durante décadas, a los hogares se les dijo que mantuvieran la calefacción fijada firmemente en 19 °C para ahorrar energía. Ese número sencillo moldeó políticas, campañas y discusiones familiares. Sin embargo, las viviendas actuales, los estilos de vida y los precios de la energía no se parecen en nada a los de los años setenta, y los expertos están ajustando discretamente el objetivo.
El fin del dogma de los 19 °C
La famosa recomendación de 19 °C nació con las crisis del petróleo de los años setenta. Los gobiernos estaban desesperados por recortar el consumo de combustible, y el confort quedaba en segundo plano. Las casas perdían calor por ventanas de un solo vidrio, tejados sin aislar y puertas con corrientes. Los sistemas de calefacción eran poco precisos, a menudo con un único control de la caldera y sin gestión por estancias.
Cincuenta años después, el panorama es muy distinto. Las normativas de edificación en Europa y Norteamérica exigen un aislamiento mucho mejor. Se han extendido las calderas de condensación, las bombas de calor y los termostatos inteligentes. También vivimos de otra manera: más tiempo sentados, más pantallas y más gente trabajando desde casa en invierno, a veces durante 10 horas seguidas en la misma habitación.
La antigua cifra de 19 °C se diseñó para restringir el consumo de combustible, no para una persona que trabaja con el portátil sentada sin moverse ocho horas al día.
Los especialistas en energía sostienen ahora que tratar los 19 °C como un objetivo rígido ya no funciona. Un consultor lo describió como una cifra «teórica» que ignora el confort real. Otro señala que, para un hogar moderno típico, el punto óptimo está ligeramente más arriba, alrededor de 20 °C: sigue siendo contenido, pero mucho más cómodo para pasar largos periodos en interiores.
Por qué 20 °C se está convirtiendo en la nueva referencia
Pasar de 19 °C a 20 °C no suena a revolución, pero ese solo grado vuelve a equilibrar la balanza entre confort y coste.
Un grado extra, no una carga extra
Las agencias energéticas usan una regla orientativa: cada grado que subes el ajuste de la calefacción añade aproximadamente un 7 % al consumo de calefacción. Pasar de 19 °C a 23 °C es un golpe serio al bolsillo. Subir de 19 °C a 20 °C también incrementa el gasto, pero es asumible para la mayoría de viviendas, sobre todo si se combina con mejor control y aislamiento.
Para mucha gente, 19 °C se siente algo fresco cuando se está inactivo. Se enfrían los dedos en el teclado, y los niños que hacen deberes tienden a envolverse en mantas. A 20 °C, ese malestar constante de bajo nivel suele desaparecer, sin caer en el exceso de «camiseta en pleno invierno».
Para muchos hogares, 20 °C es el punto a partir del cual dejas de sentir la necesidad de llevar un jersey dentro de casa todo el día.
Diferentes habitaciones, diferentes necesidades
Los expertos en energía ya no hablan de una única temperatura para toda la casa. Prefieren un enfoque a medida que reconozca cómo se usa cada estancia:
- Salón / despacho en casa: alrededor de 20 °C para estar sentado, leer o trabajar con comodidad.
- Dormitorios: 16–18 °C para favorecer un mejor sueño y evitar un aire seco y cargado.
- Baño: unos 22 °C mientras te duchas o te bañas, y después bajar la temperatura.
- Pasillos y descansillos: 17 °C suele ser suficiente, ya que no se permanece allí.
Este tipo de zonificación refleja la vida real. Nos movemos entre habitaciones, pasamos horas en unas y segundos en otras. Calentarlo todo al mismo nivel es una forma segura de desperdiciar gas o electricidad.
Los factores ocultos que cambian cómo de calor sientes
Dos viviendas a 20 °C pueden sentirse completamente diferentes. Eso se debe a que el número del termostato es solo una parte de la historia.
- Aislamiento: Un piso mal aislado puede sentirse frío incluso a 21 °C, porque las paredes frías y las corrientes te roban calor corporal.
- Humedad: El aire húmedo se siente más frío. Una humedad alta hace que 19–20 °C se perciban a la vez húmedos y fríos.
- Nivel de actividad: Cocinar, limpiar o hacer bricolaje te mantiene caliente; mirar un portátil apenas lo hace.
- Luz solar y superficies: Una habitación soleada con suelos de madera cálidos se siente más acogedora que un espacio en sombra con baldosas desnudas.
El confort térmico es una mezcla de temperatura del aire, humedad, corrientes, ropa y lo que realmente estás haciendo en la habitación.
Por eso una cifra única para todos encaja mal en hogares con bebés, personas mayores o cualquiera con problemas de salud. La temperatura «correcta» es en parte médica y en parte psicológica.
Riesgos para la salud cuando el termostato está demasiado bajo
Con los precios de la energía altos, algunos hogares se ven tentados a bajar el dial a 17 °C o menos durante todo el invierno. A los médicos les preocupa cada vez más esa tendencia.
La Organización Mundial de la Salud aconseja mantener los espacios habitables en un mínimo de 18 °C, y más cálidos para personas vulnerables. Por debajo de esa cifra, varios riesgos aumentan de forma marcada:
- Enfermedad respiratoria: Los hogares fríos y húmedos favorecen los virus, agravan el asma y cargan los pulmones.
- Estrés cardiovascular: El cuerpo tiene que trabajar más para mantenerse a 37 °C, elevando la tensión arterial e incrementando riesgos cardíacos, especialmente en personas mayores.
- Mal sueño y fatiga: Dormitorios helados pueden fragmentar el sueño y dejar a la gente agotada, en especial a los niños.
Para muchas familias, eso convierte los 19–20 °C en algo más que una preferencia de confort: pasa a ser una cuestión de salud pública.
Cómo calentar a 20 °C sin que se dispare la factura
El verdadero factor diferencial no es solo la temperatura elegida, sino lo inteligentemente que funcione el sistema.
Medidas fáciles para la calefacción diaria
- Usa un termostato programable: Ajusta temperaturas más bajas por la noche o cuando estés fuera, y devuelve las estancias a 20 °C antes de necesitarlas.
- Zonifica la vivienda: Instala válvulas termostáticas en radiadores o controles por habitación para que los dormitorios estén más frescos que el salón.
- Mejora el aislamiento: Doble acristalamiento, aislamiento en la cubierta y sellado de rendijas evitan fugas de calor.
- Aprovecha el calor gratuito: Abre cortinas en días soleados de invierno y ciérralas, junto con persianas o estores, en cuanto anochezca.
- Cierra puertas: Mantener separadas zonas calefactadas y no calefactadas reduce pérdidas.
- Añade textiles: Alfombras, cortinas gruesas y tapicerías reducen el efecto de «superficie fría» y aumentan el confort a la misma temperatura.
En conjunto, medidas básicas de eficiencia a menudo pueden recortar la factura anual de calefacción un 10–15 % sin bajar de una temperatura saludable.
Lo que 19 °C frente a 20 °C significa realmente para tu factura
Para concretar el debate, aquí va un ejemplo simplificado para una vivienda típica, razonablemente aislada.
| Escenario | Temperatura media ajustada | Uso relativo de calefacción |
|---|---|---|
| 19 °C estrictos, sin controles | 19 °C todo el día | Base: 100 % |
| 20 °C inteligente con bajada nocturna | 20 °C de día, 17 °C de noche | Aproximadamente 103–105 % |
| 22–23 °C relajados en todas partes | 22–23 °C todo el día | 130–140 % o más |
El segundo escenario muestra por qué muchos expertos sugieren ahora apuntar a unos 20 °C durante las horas de ocupación, usando controles inteligentes y mejor aislamiento. Ganas confort a un coste extra relativamente bajo, sobre todo comparado con viviendas sobrecalentadas a 22–23 °C.
La transición energética vuelve a cambiar las reglas
El paso de calderas de gas a bombas de calor y electricidad renovable añade otra capa. Las bombas de calor, en particular, funcionan mejor con temperaturas moderadas y estables, en lugar de grandes altibajos. Eso hace que un 20 °C estable, con pequeñas bajadas nocturnas, sea más eficiente que estar subiendo repetidamente una casa fría desde 15 °C a base de “golpes” de calefacción.
Al mismo tiempo, los gobiernos ofrecen ayudas para aislamiento y calefacción de bajas emisiones. A medida que estas mejoras se generalicen, el coste de mantener 20 °C bajará, porque la vivienda perderá menos calor. En ese contexto, aferrarse rígidamente a una regla de los años setenta suena cada vez más desconectado de la tecnología actual.
Cómo elegir la temperatura adecuada para tu situación
Decidir una cifra «ideal» empieza por la realidad de tu hogar. Una pareja en un piso de obra nueva no tendrá las mismas necesidades que una familia en una casa antigua con corrientes y un recién nacido.
- Revisa primero el aislamiento: Si tu casa tiene fugas, invertir en aislamiento puede ahorrar más que obsesionarse con la diferencia entre 19 °C y 20 °C.
- Ten en cuenta a los vulnerables: Bebés, personas mayores y quienes tienen enfermedades crónicas pueden necesitar que las estancias principales estén más cerca de 20 °C, no por debajo de 18 °C.
- Usa la ropa con estrategia: Un jersey ligero y calcetines calientes pueden hacer que 20 °C se sientan perfectamente acogedores sin volver a subir el termostato.
- Experimenta una semana: Prueba 19 °C durante una semana y luego 20 °C, vigilando tanto el confort como el monitor de energía si tienes uno.
En vez de perseguir un número mágico, piensa en rangos: 19–20 °C para estancias principales, algo menos para dormir, y algo más alto brevemente en el baño.
Conceptos clave que te ayudan a decidir
Dos ideas técnicas suelen estar detrás del consejo de los expertos: «temperatura de consigna» e «inercia térmica».
La temperatura de consigna es simplemente la temperatura objetivo que tu termostato intenta mantener. Bajarlo reduce la factura, pero solo hasta el punto en que la salud y el confort empiezan a resentirse.
La inercia térmica se refiere a la rapidez con la que tu vivienda se calienta o se enfría. Un edificio pesado y bien aislado se enfría lentamente, así que puedes apagar la calefacción antes por la noche sin una gran caída. Una vivienda ligera y mal aislada pierde calor rápido, lo que hace que temperaturas nocturnas muy bajas sean arriesgadas e incómodas. Entender en cuál de los dos casos estás te ayuda a decidir hasta dónde puedes bajar con seguridad la temperatura cuando duermes o estás fuera.
La conclusión de este invierno es sencilla: la antigua instrucción de 19 °C ya no es un techo rígido. Para muchas viviendas modernas, 20 °C en las estancias de estar, combinado con controles inteligentes, aislamiento y un enfoque por habitaciones, ofrece un mejor equilibrio entre salud, confort y coste que aferrarse a un número concebido durante una crisis del petróleo de los años setenta.
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