Después de un fin de semana fuera, tu congelador parece estar bien: el motor zumba y la comida sigue pareciendo dura como una roca.
Sin embargo, es posible que algo haya ido mal en silencio.
Cortes de luz breves e inadvertidos pueden descongelar la comida lo justo como para que las bacterias se multipliquen de forma explosiva y, después, volver a congelarse convertidas en un peligro invisible. Un truco sencillo con una moneda y un cuenco de agua te da un testigo barato y silencioso de lo que realmente ocurrió mientras no estabas.
Por qué un congelador silencioso puede seguir siendo arriesgado tras un apagón
Cuando vuelve la luz, la mayoría de la gente echa un vistazo a la puerta del congelador, ve hielo en los laterales y asume que todo está bien. El problema es que tu electrodoméstico no lleva un diario de su temperatura.
Congelar no desinfecta los alimentos. Solo ralentiza o detiene temporalmente el crecimiento de bacterias como Salmonella, Listeria o determinadas cepas de E. coli. En cuanto la temperatura sube por encima de unos 4 °C, esos microbios “despiertan” y empiezan a multiplicarse de nuevo.
La congelación pausa a las bacterias; no las elimina. Una descongelación larga y desapercibida convierte las comidas congeladas en granjas bacterianas invisibles.
Las autoridades de seguridad alimentaria suelen trabajar con una idea simple: en condiciones adecuadas, algunas bacterias pueden duplicarse aproximadamente cada 20 minutos. Si un alimento contaminado pasa unas horas en la “zona de peligro” (entre unos 5 °C y 60 °C), puedes acabar con cientos o miles de veces más bacterias de las que había al principio.
Cuando falla la electricidad durante varias horas, la comida cerca del frontal o de la parte superior del congelador puede ablandarse y volver a congelarse cuando regresa la corriente. Desde fuera, puede seguir pareciendo perfectamente congelada. Ahí es donde entra el truco de la moneda.
El método de la moneda en el congelador, paso a paso
El método de la moneda es una forma de baja tecnología para comprobar si el interior del congelador se calentó lo suficiente como para que el hielo se derritiera mientras no estabas.
- Llena un cuenco pequeño, una taza o un molde tipo ramequín con agua del grifo.
- Mételo en el congelador y déjalo hasta que el agua esté completamente congelada.
- Una vez congelada, coloca una moneda en horizontal sobre la superficie del hielo.
- Vuelve a meter el cuenco en el congelador, idealmente en un lugar que puedas ver con facilidad.
Eso es todo. Ahora tienes un marcador simple y visible del “historial de temperatura”.
Si el hielo se derrite durante un corte de luz, la moneda se hundirá. Cuando todo vuelva a congelarse, la moneda mostrará hasta dónde llegó la descongelación.
Si la temperatura del congelador se mantuvo lo bastante baja todo el tiempo, el hielo no se derretirá y la moneda seguirá tranquilamente arriba. Si la temperatura subió por encima de 0 °C el tiempo suficiente como para derretir parte o todo el hielo, la moneda caerá y luego quedará atrapada más abajo en el bloque cuando vuelva a congelarse.
Cómo interpretar la posición de la moneda cuando vuelves a casa
Cuando regreses de un viaje o notes el reloj del horno parpadeando tras un corte de luz, abre el congelador y revisa tu pequeño “monitor”. La posición de la moneda te da una idea aproximada de lo grave que fue la interrupción.
| Posición de la moneda | Qué probablemente ocurrió | Qué deberías hacer |
|---|---|---|
| La moneda sigue encima del hielo sólido | El hielo no se derritió; la temperatura probablemente se mantuvo por debajo de 0 °C | La comida probablemente se mantuvo totalmente congelada; inspecciona y úsala con normalidad |
| La moneda está ligeramente hundida en el centro del hielo | Deshielo parcial y recongelación | Sé prudente; puede que haya que desechar los alimentos de alto riesgo |
| La moneda está en el fondo del cuenco o cerca | El hielo se derritió por completo antes de recongelarse; calentamiento prolongado | Trata el contenido como descongelado; tira los congelados perecederos |
Si la moneda sigue arriba, estás en el escenario más seguro. Puede haber habido un corte breve, pero el congelador se mantuvo lo bastante frío como para que el agua no llegara a derretirse. Es probable que tus alimentos congelados también se mantuvieran por debajo de cero.
Si la moneda está a mitad de camino, el congelador se calentó lo suficiente como para provocar algo de deshielo. Esto sugiere que, al menos, parte del interior superó 0 °C durante un periodo. A partir de ahí, las decisiones se vuelven más delicadas.
Si la moneda está cerca del fondo, el agua tuvo que haberse derretido por completo en algún momento. El interior del congelador estuvo por encima de cero el tiempo suficiente como para que un cuenco entero de hielo volviera a ser agua. Eso es una señal de alarma.
Qué conservar y qué tirar
La moneda no te dice temperaturas ni tiempos exactos, pero sí te da una pista potente. Cuando la moneda indica un deshielo importante, los expertos en seguridad alimentaria suelen recomendar una postura estricta.
Si dudas, tíralo. El coste de una bolsa de pollo congelado no es nada comparado con una noche en Urgencias.
Alimentos congelados de alto riesgo
Cuando la moneda está en medio o en el fondo, extrema la precaución con:
- Carne cruda o cocinada (aves, ternera, cerdo, cordero)
- Pescado y marisco
- Platos preparados y comidas cocinadas
- Helados y postres a base de lácteos
- Pizzas congeladas con toppings de carne o queso
Estos alimentos aportan nutrientes abundantes para las bacterias y pueden volverse peligrosos con bastante rapidez una vez descongelados. Si se han descongelado por completo y luego se han vuelto a congelar, no deberían consumirse.
Productos de menor riesgo
Algunos productos suponen menos preocupación desde el punto de vista de la seguridad, aunque pueden empeorar en textura y sabor:
- Pan simple y productos de bollería/panadería
- Fruta y verdura congeladas
- Mantequilla y margarina simples
- Masa de hojaldre o similares sin cocer
Si solo se han descongelado parcialmente y aún se notan helados o duros, mucha gente decide conservarlos, sobre todo si se van a cocinar bien. Aun así, cualquier olor, color o textura extraños son motivo para tirarlos.
Por qué volver a congelar comida descongelada rara vez es buena idea
Una vez que un alimento se descongela por completo, las bacterias empiezan a multiplicarse de nuevo. Si ese alimento se recongela, las bacterias simplemente vuelven a ponerse en pausa; no se “reinician”. Cuando lo descongeles por segunda vez, la carga bacteriana retomará desde un punto de partida mucho más alto.
Por eso, el consejo de seguridad alimentaria repite la misma norma: no vuelvas a congelar comida que se haya descongelado por completo, especialmente carne cruda, pescado y platos listos para comer. Si vas a descongelar algo a propósito, hazlo lentamente en la nevera y cocínalo dentro del plazo recomendado.
Crear mejores hábitos con el congelador antes del próximo corte
El truco de la moneda funciona mejor como parte de un conjunto más amplio de hábitos simples que protegen la llamada “cadena de frío” en casa.
- Mantén el congelador alrededor de −18 °C y usa un termómetro aparte si el indicador no es fiable.
- Evita sobrecargar el congelador para que el aire frío circule correctamente.
- Agrupa alimentos similares y etiquétalos con fechas.
- Durante un corte de luz, mantén la puerta cerrada todo lo posible para retener el aire frío.
- Considera un segundo cuenco con moneda si tienes un arcón congelador con capas profundas.
Durante cortes largos, un congelador lleno y bien compactado puede mantenerse frío durante unas 24–48 horas si la puerta permanece cerrada, mientras que uno a medio llenar se calienta más rápido. Acumuladores de frío o botellas de agua congeladas pueden alargar ese tiempo.
Cómo es realmente una intoxicación alimentaria por comida del congelador descongelada
El riesgo no es abstracto. Comer alimentos que han estado descongelados demasiado tiempo puede provocar una intoxicación alimentaria, con síntomas como náuseas, vómitos, calambres abdominales, diarrea, fiebre y, en casos graves, deshidratación y hospitalización.
Los niños, las embarazadas, las personas mayores y quienes tienen el sistema inmunitario debilitado son especialmente vulnerables. Para ellos, lo que para un adulto sano puede parecer “solo una comida en mal estado” puede convertirse en una auténtica urgencia médica.
Dos escenarios realistas con la prueba de la moneda
Imagínate esto: te vas tres días de escapada urbana. Una tormenta deja sin luz el barrio durante la noche. La electricidad vuelve por la mañana, mucho antes de que tu vecino note nada. Cuando llegas a casa, el congelador parece bien. Pero tu moneda está atrapada en el fondo del cuenco. Esa señal sencilla sugiere que el contenido estuvo descongelándose durante bastante tiempo. Decides tirar las gambas congeladas, los muslos de pollo y los platos preparados, y conservar solo el pan y las verduras simples que piensas cocinar a fondo.
Otra vez, ves que el reloj del horno vuelve a parpadear, pero la moneda sigue orgullosamente encima del hielo. Aun así, compruebas si hay olores extraños o envases reventados, pero te sientes mucho más seguro de que tus congelados no entraron en la zona de peligro.
Límites del truco de la moneda y otras opciones
El método de la moneda y el cuenco no es un instrumento científico de medición. No puede decirte si el congelador llegó a 1 °C o a 10 °C, ni durante cuántas horas exactas. El tamaño del cuenco, la distribución del congelador y cuántas veces se abrió la puerta también influyen en los resultados.
Para quienes viven en zonas con apagones frecuentes, un termómetro independiente para congelador con función de memoria puede aportar datos más claros. Algunos modelos registran la temperatura máxima alcanzada durante un periodo, dando una idea más precisa del riesgo. Aun así, el truco de la moneda tiene una gran ventaja: no cuesta prácticamente nada y se instala en minutos.
Una sola moneda en un cuenco de hielo convierte tu congelador, tras cada corte de luz, de un juego de adivinanzas en una decisión informada.
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