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Los rasgos de personalidad límite se asocian con menor coordinación en una tarea de golpeteo con los dedos.

Dos manos tocando una tableta sobre una mesa de madera, con un libro, auriculares y metrónomo al fondo.

Chapo - Sentados ante un ordenador, marcando el ritmo con simples pitidos, los voluntarios estaban revelando sin saberlo cómo su mente se sincroniza con la de los demás.

En un laboratorio de Italia, los investigadores pidieron a cientos de personas que pulsaran un teclado al ritmo de una serie de tonos. La tarea sonaba casi infantilmente fácil. Sin embargo, en quienes presentaban rasgos más marcados de personalidad límite, ese pequeño ejercicio de “moverse juntos” contaba una historia más profunda sobre emociones, relaciones y la dificultad de sentirse acompasado con otras personas.

Cómo un juego de golpecitos se convirtió en una ventana a las relaciones

El nuevo estudio, publicado en la revista Personality Disorders: Theory, Research, and Treatment, examinó una forma sutil de conducta social: la sincronía interpersonal. Es decir, la manera en que las personas alinean de forma inconsciente sus movimientos, ritmos y reacciones cuando interactúan.

Piensa en caminar con un amigo y acabar igualando poco a poco su paso, o asentir a la vez durante una conversación. Ese tiempo compartido ayuda a que las personas se sientan más cercanas, comprendidas y a salvo.

La sincronía interpersonal es uno de los motores silenciosos de la cooperación, el vínculo y la interacción social fluida.

El equipo de investigación, liderado por la psicóloga Camilla Gregorini, quería saber si las personas con rasgos de personalidad límite más pronunciados tienen dificultades con esta forma básica de coordinación, incluso en un entorno digital y reducido al mínimo, sin caras, sin voces y sin drama: solo dedos y sonidos.

¿Qué son los rasgos de personalidad límite?

Los rasgos de personalidad límite no pertenecen únicamente a quienes tienen un diagnóstico formal de trastorno límite de la personalidad (TLP). Existen en un continuo dentro de la población general, desde muy leves hasta graves.

Estos rasgos suelen implicar:

  • Reacciones emocionales intensas y cambios de humor rápidos
  • Dificultad para calmarse después de sentirse alterado
  • Miedo al rechazo o al abandono
  • Sentido del yo inestable o cambiante
  • Relaciones intensas, a veces tormentosas
  • Decisiones impulsivas, como gastar de forma arriesgada o consumir sustancias
  • Sentimientos frecuentes de vacío o inestabilidad interna

Las personas con puntuaciones más altas en estos rasgos pueden pasar rápidamente de idealizar a alguien a verlo como completamente decepcionante o dañino. Esta dinámica de tira y afloja dificulta construir conexiones estables y de confianza.

El experimento: sincronizarse con una pareja virtual

El estudio reclutó a 206 adultos de la población general italiana, la mayoría de poco más de veinte años. No se seleccionó a nadie específicamente por diagnósticos psiquiátricos. En su lugar, completaron un cuestionario estándar que mide rasgos de personalidad límite: el Personality Assessment Inventory – Borderline Scale.

Luego llegó la parte clave: interactuar con una “pareja virtual” mediante un ejercicio de golpeteo con los dedos.

Cómo funcionaba la tarea de golpeteo

Los participantes se sentaron ante un teclado y se les indicó que pulsaran la barra espaciadora al ritmo de los tonos producidos por el ordenador. En apariencia, solo debían mantenerse sincronizados con los pitidos.

Entre bambalinas, la pareja virtual estaba programada para comportarse de forma distinta según la condición. Su temporización cambiaba en función de cómo pulsaba el participante. A veces apenas se adaptaba. A veces se ajustaba mucho para intentar mantener la sincronía. En total, había cinco niveles de adaptatividad, desde no adaptativo hasta excesivamente adaptativo.

Los voluntarios no sabían que la pareja virtual estaba cambiando su comportamiento; simplemente intentaban seguir marcando el ritmo.

Tras cada condición, los participantes valoraban hasta qué punto se sentían “sincronizados” con la pareja virtual e informaban de su estado emocional, mediante una escala estándar de afecto positivo y negativo. Los investigadores también calcularon una medida precisa de asincronía: la diferencia temporal entre cada pulsación y cada tono.

Lo que encontraron los investigadores

Al analizar los datos, apareció un patrón claro. Las personas con mayores rasgos de personalidad límite rindieron de manera distinta en la tarea y también la vivieron de forma diferente.

Aspecto medido Efecto de rasgos límite más altos
Sincronía objetiva (precisión temporal) Mayor asincronía con la pareja virtual
Sincronía percibida Se sentían menos “en sintonía” con la pareja
Respuesta emocional Informaron de más afecto negativo durante la interacción

Así que había dos niveles de dificultad:

  • La coordinación en sí era peor: pulsaciones y tonos se iban separando más en el tiempo.
  • La interacción se sentía peor: menos conexión, más incomodidad, más negatividad.

Los rasgos límite más altos no solo cambiaban cómo se movían las personas con la pareja; también teñían cómo se sentía toda la interacción.

Por qué el “ritmo compartido” con otros importa para la salud mental

Estar “en sintonía” con alguien no es solo una frase poética. La investigación en psicología y neurociencia sugiere que los ritmos compartidos ayudan a construir confianza, cooperar y leer las intenciones del otro.

Cuando este proceso falla, las interacciones cotidianas pueden volverse costosas. Un pequeño retraso al responder, un desajuste de ritmo o una lectura sutilmente errónea de señales pueden alimentar una sensación de fricción social.

Gregorini y sus colegas sostienen que la inestabilidad emocional y las dificultades relacionales vinculadas a los rasgos límite pueden interferir con procesos cerebrales necesarios para:

  • Predecir qué hará otra persona a continuación
  • Ajustar la propia conducta basándose en esa predicción
  • Mantenerse flexible en lugar de rígido durante una interacción

Si a alguien le cuesta anticipar las acciones de su interlocutor -o confía menos en esas pistas- puede desincronizarse con mayor facilidad. Eso podría hacer que ambas partes se sientan desconectadas, aunque en la superficie no haya conflicto.

Límites de una pareja virtual

El estudio utilizó un tipo de interacción muy controlada, casi reducida al mínimo: sin expresiones faciales, sin lenguaje corporal, sin discusiones enrevesadas por mensajes o llamadas no devueltas. Solo pulsaciones.

Esa claridad es útil para la investigación, pero la vida es mucho más compleja. En situaciones reales, las personas usan el contacto visual, el tono de voz y la historia compartida para ayudar a mantener el paso. Es posible que esas señales extra suavicen o, en algunos casos, amplifiquen las dificultades observadas en el laboratorio.

Los participantes también procedían de una muestra no clínica. Lo más probable es que la mayoría tuviera rasgos límite leves o moderados, no un TLP plenamente desarrollado. Por tanto, los resultados apuntan a una tendencia, no a una regla fija, y podrían ser diferentes en contextos psiquiátricos.

Lo que esto significa para las interacciones cotidianas

Imagina dos escenarios:

En el primero, una persona con rasgos límite altos queda con un amigo para tomar un café. La conversación se atasca. Se interrumpen, hablan a velocidades distintas y les cuesta seguir los cambios emocionales del otro. Ambos se marchan sintiéndose extrañamente agotados y malinterpretados, aunque en apariencia no haya pasado nada.

En el segundo, esa misma persona se une a un grupo musical en el que todos aplauden o tocan un tambor juntos siguiendo un ritmo claro. Las señales son más predecibles, la estructura más evidente. El movimiento compartido puede resultar más fácil y, con el tiempo, incluso ayudar a reconstruir una sensación de confianza en el “tiempo social”.

Las actividades estructuradas y rítmicas -desde bailar hasta marchar o hacer ejercicio coordinado- podrían ofrecer una forma práctica de entrenar habilidades de sincronía en un entorno seguro y de baja exigencia.

Términos clave que merece la pena desglosar

Sincronía interpersonal se refiere a la alineación de conductas, movimientos o señales fisiológicas entre personas. Puede ser consciente, como ir de la mano y caminar al mismo paso, o inconsciente, como imitar la postura de un amigo.

Afecto negativo describe un conjunto de estados emocionales desagradables: sentirse tenso, triste, enfadado o intranquilo. En este estudio, las personas con mayores rasgos límite informaron de más de estas sensaciones durante la interacción de golpeteo.

Asincronía es simplemente el desajuste temporal entre dos secuencias de acción. En este experimento se midió en milisegundos entre pulsaciones y tonos, pero en la vida diaria puede parecerse a ir siempre un poco “a destiempo” respecto a los demás.

Hacia dónde podría conducir esta investigación

Estos hallazgos plantean preguntas prácticas para la terapia y el apoyo cotidiano. Si las personas con rasgos límite marcados tienen dificultades de coordinación a un nivel tan básico, los clínicos podrían plantearse:

  • Integrar ejercicios basados en el ritmo o el movimiento en el tratamiento
  • Utilizar tareas conjuntas sencillas para practicar la anticipación y el ajuste
  • Ayudar a los pacientes a notar cómo se siente en el cuerpo estar “fuera de sintonía”

Para amigos, parejas y familiares, el estudio ofrece otra perspectiva. Una señal perdida o una interacción torpe quizá no sea solo cuestión de actitudes o intenciones. El propio tiempo -la sincronización- puede ser parte del reto. Ir más despacio en las conversaciones, usar señales más claras y crear rutinas predecibles podría aliviar parte de la presión oculta en ambos lados.

En esencia, el estudio sugiere que los rasgos de personalidad límite pueden afectar a algo tan pequeño y preciso como una pulsación sobre un teclado. Ese diminuto retraso se expande hacia fuera, insinuando por qué mantenerse en sintonía con los demás -emocional y físicamente- puede sentirse como un trabajo duro para muchas personas que viven con estos rasgos.

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