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¿Se puede blanquear la ropa con lejía?

Manos mezclando detergente en polvo en un bol frente a una lavadora. Frasco de detergente líquido y toallas al lado.

That montón de camisetas blanquecinas tirando a grises en el cesto de la ropa plantea una pregunta sencilla: ¿sigue siendo la lejía el atajo para conseguir un blanco brillante?

En muchos hogares se confía en la lejía para dejar sábanas y calcetines impecables. Otros la evitan como si fuera un campo de minas químico. Entre mitos de colada y riesgos reales, devolver el blanco auténtico a la ropa requiere algo más que echar un chorrito de lejía en el tambor.

Lejía y ropa blanca: qué ocurre en realidad

La lejía se lleva usando durante décadas para limpiar y blanquear tejidos. Cuando la mayoría de la gente dice “lejía”, suele referirse a la lejía con cloro: el líquido de olor fuerte que a menudo se vende para limpiar el inodoro y los suelos.

En la lavadora, este producto reacciona con las manchas y los pigmentos. Descompone moléculas coloreadas para que reflejen menos luz, haciendo que los tejidos parezcan más blancos.

Usada correctamente, la lejía puede eliminar amarilleamientos persistentes y tonos grisáceos en algunos tejidos blancos, pero al mismo tiempo debilita las fibras.

Ese doble efecto crea el dilema principal. Sí, puedes avivar la colada con lejía, pero cada lavado pasa factura a la resistencia y a la vida útil del tejido.

Lejía con cloro vs. blanqueador de oxígeno

No todos los blanqueadores actúan igual. Hoy, el comprador se encuentra con estantes llenos de “potenciadores de blancura”, “polvos oxy” y botellas de lejía tradicionales. Entender las diferencias ayuda a evitar fundas de almohada estropeadas.

Tipo de producto Mejor para Riesgos principales
Lejía con cloro (hipoclorito de sodio) Algodón blanco, prendas muy manchadas Daño de fibras, pérdida de color, vapores fuertes, irritación cutánea
Blanqueador de oxígeno (percarbonato o perborato) La mayoría de tejidos lavables, colores que pueden aclarar sin problema Menos eficaz en manchas antiguas e incrustadas; también requiere dosificación correcta
Azuladores “Reavivar” visualmente blancos apagados Puede manchar si se usa de más o se diluye mal

La lejía con cloro actúa rápido, pero es agresiva. Los blanqueadores a base de oxígeno tardan más, funcionan mejor a temperaturas más altas y suelen ser más suaves con los tejidos y la piel.

Cuándo puedes usar lejía con seguridad en la colada

Hay situaciones en las que la lejía sí resulta útil. Por ejemplo, desinfectar toallas después de una enfermedad o abordar un amarilleamiento severo en sábanas viejas de algodón.

  • Revisa primero la etiqueta de cuidado: busca el símbolo del triángulo. Un triángulo vacío suele indicar que se permite el uso de lejía; un triángulo con líneas o con una cruz indica evitar la lejía con cloro.
  • Para diluir lejía con cloro, usa agua fría o templada para limitar el daño en las fibras y reducir los vapores.
  • Diluye siempre antes del contacto con el tejido; nunca viertas lejía directamente sobre la ropa.

La lejía debería tratarse como un último recurso para blancos que ya no responden al detergente habitual y a los quitamanchas.

No olvides que la lejía usada para la colada no se maneja igual que la lejía para limpiar el inodoro. La concentración puede ser similar, pero la forma de manipularla y diluirla debe estar mucho más controlada para proteger los tejidos y la lavadora.

Prendas que nunca deberían entrar en contacto con lejía con cloro

Usar lejía en la prenda equivocada puede ser un desastre inmediato: manchas amarillas, agujeros o una pérdida total de color en minutos.

Tejidos de color y estampados

La lejía con cloro elimina el color con rapidez. Incluso toallas oscuras “resistentes” o vaqueros se decoloran, quedan a rayas o desarrollan manchas anaranjadas. Las camisetas estampadas pueden perder el logo o ver cómo los colores destiñen.

Fibras delicadas

Varios materiales reaccionan mal a la lejía con cloro:

  • Lana y cachemira
  • Seda y satén
  • Mezclas de lino con fibras delicadas
  • Elastano y muchos sintéticos de ropa deportiva

Estos tejidos pueden quedar ásperos, perder la forma o degradarse literalmente, formando zonas finas y transparentes que más tarde se convierten en roturas.

Formas inteligentes de blanquear sin destrozar la ropa

Si te da reparo recurrir a la botella de lejía, hay alternativas más suaves que también pueden refrescar blancos apagados.

Ajustar los hábitos de lavado

A menudo, el agrisado de la ropa se debe a errores de lavado sencillos:

  • Sobrecargar el tambor, lo que atrapa suciedad y detergente en las fibras
  • Usar de forma constante programas de baja temperatura con prendas muy sucias
  • Usar poco detergente con agua dura

Hacer un lavado más caliente para blancos de algodón resistentes, usar la dosis correcta de detergente y dejar espacio para que la ropa se mueva puede devolver parte del brillo por sí solo.

Blanqueadores a base de oxígeno y quitamanchas

Los polvos blanqueadores de oxígeno, a menudo comercializados como “oxy” u “oxígeno activo”, liberan burbujas de oxígeno durante el lavado. Estas ayudan a levantar manchas orgánicas como sudor o comida.

Funcionan mejor cuando:

  • Pones las prendas a remojo en agua templada con el polvo durante unas horas
  • Respetas la cantidad recomendada en el envase
  • Los combinas con un detergente de calidad

El blanqueador de oxígeno suele ser la primera opción que recomiendan los profesionales antes de intentar usar lejía con cloro en la colada.

Combinar lejía con detergentes y otros productos

Un reflejo peligroso es mezclar varios productos domésticos en el mismo lavado “para que tenga más fuerza”. Esto puede generar gases tóxicos, sobre todo en cuartos de lavado pequeños.

Nunca combines lejía con cloro con productos que contengan amoníaco o ácidos, como algunos anticales. La reacción puede producir cloraminas o gas cloro, que irritan ojos y pulmones y pueden ser muy peligrosos.

Cuando uses lejía con cloro en la lavadora, utiliza un detergente normal a la dosis habitual y añade la lejía solo en el compartimento específico o durante un prelavado, siguiendo el manual de la máquina.

Aspectos de salud y medioambiente que quizá no consideras

La lejía es legal y se vende ampliamente, pero eso no significa que no tenga riesgos. Los vapores pueden irritar las vías respiratorias, especialmente en personas con asma o alergias. Los derrames sobre la piel pueden provocar enrojecimiento y quemaduras. El contacto con los ojos requiere enjuague inmediato.

El uso frecuente también afecta a la calidad de las aguas residuales. Aunque las depuradoras modernas neutralizan gran parte, el uso excesivo sigue contribuyendo a la carga química en ríos y zonas costeras. Alternativas como blanqueadores de oxígeno y detergentes eficientes reducen este impacto.

Situaciones reales de colada

Imagina un piso de estudiantes con lavadoras compartidas. Las toallas blancas se ven grises y alguien propone echar un buen chorro de lejía directamente al tambor. Ese atajo puede limpiar la carga, pero también puede ir degradando con el tiempo la junta de goma de la puerta, provocando fugas y facturas de reparación que nadie quiere.

O piensa en una familia que lava ropa de bebé. Usar lejía con cloro por “higiene extra” puede dejar restos si el aclarado es insuficiente, y eso podría irritar pieles sensibles. Un lavado más caliente con un buen detergente y, si hace falta, un blanqueador de oxígeno suele aportar la higiene necesaria para la colada diaria.

Términos clave que aparecen en las etiquetas

En los pasillos del supermercado se usan palabras que suenan parecidas, pero esconden diferencias reales.

  • Lejía desinfectante: prioriza eliminar gérmenes; puede ser demasiado fuerte o no adecuada para tejidos.
  • Lejía apta para color: por lo general es a base de oxígeno, formulada para reducir el desteñido en prendas de color, aunque algunos tonos pueden variar ligeramente.
  • Abrillantadores ópticos: sustancias químicas presentes en muchos detergentes que reflejan luz azul, haciendo que los tejidos “parezcan” más blancos sin eliminar todas las manchas.

Aprender estos términos ayuda a elegir la botella o el polvo adecuados sin depender solo de eslóganes de marketing o consejos de redes sociales.

Blanquear la colada depende menos de un producto milagro y más de combinar la temperatura correcta, el detergente, el tratamiento de manchas y, cuando de verdad hace falta, una lejía bien controlada.

Para quien se enfrenta a esa pila de camisetas y fundas de almohada apagadas, el mejor enfoque es paciente y metódico. Empieza por mejorar los hábitos de lavado y usar blanqueadores más suaves, reserva la lejía con cloro para los casos más difíciles y echa siempre un vistazo rápido a la etiqueta de cuidado antes de decidir. Quizá tus blancos no deslumbren a nadie, pero durarán más y te darán menos quebraderos de cabeza.

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