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Un estudio revela que los juegos de mesa mejoran las habilidades matemáticas de los niños, al contrario de lo que se cree.

Madre e hijo juegan a un juego de mesa colorido en la cocina, concentrados y sonrientes, sobre una mesa de madera clara.

En el suelo del salón o en un aula ruidosa, los juegos de mesa sencillos están haciendo discretamente mucho más que mantener a los niños ocupados.

Nuevas investigaciones sugieren que, cuando los niños pequeños mueven una ficha a lo largo de un recorrido o cuentan los puntos de un dado, no solo están pasando el rato. Están construyendo habilidades matemáticas fundamentales que pueden perdurar mucho más allá del final de la partida.

Juegos, no fichas, en el centro de las matemáticas tempranas

Durante años, padres y docentes se han preocupado de que el juego pudiera distraer del aprendizaje “de verdad”. La evidencia más reciente apunta en la dirección contraria. En la primera infancia, los juegos de mesa estructurados pueden actuar como potenciadores de matemáticas de bajo coste y alto impacto.

El foco está en la numeración básica, el cimiento de todas las matemáticas posteriores. Esto incluye contar en orden, reconocer números escritos y comprender qué significan realmente “cuatro” o “siete” en términos de cantidad. Estas destrezas suelen desarrollarse de forma desigual, y algunos niños se quedan rezagados sin que nadie lo note.

Según un metaanálisis de 18 estudios liderado por investigadores del HEDCO Institute de la Universidad de Oregón, sesiones cortas y regulares con ciertos juegos de mesa pueden mejorar la competencia numérica de los niños pequeños.

Los resultados muestran que incluso sesiones de diez minutos, repetidas durante varias semanas, pueden producir mejoras medibles. Estas ganancias aparecen en tareas como contar hacia delante, asociar cantidades con cifras y ordenar números correctamente.

Lo que encontró realmente la investigación

El equipo de investigación combinó datos de 18 estudios independientes que incluían a niños desde educación infantil hasta aproximadamente 2.º de primaria (equivalente a infantil y los dos primeros cursos de primaria). En conjunto, analizaron 123 indicadores distintos del rendimiento matemático.

Los niños que jugaron a juegos de mesa diseñados para ello mostraron progresos estadísticamente significativos frente a quienes no lo hicieron. Los efectos más fuertes se observaron en habilidades numéricas básicas, más que en temas avanzados como la geometría o la resolución de problemas.

Varios elementos parecieron importar:

  • Frecuencia: varias sesiones cortas a la semana funcionaron mejor que una sola larga.
  • Diseño: los juegos con recorridos o casillas claramente numerados ofrecieron beneficios mayores.
  • Guía adulta: cuando un adulto animaba a los niños a decir los números en voz alta o a explicar sus movimientos, aumentaban las mejoras de aprendizaje.

Los investigadores subrayan que el verdadero poder de estos juegos está en la repetición envuelta en disfrute: los niños practican habilidades clave una y otra vez, sin sentir que se les está machacando.

Por qué los juegos de mesa “lineales” son tan eficaces

No todos los juegos producen el mismo efecto. La categoría más destacada son los llamados juegos de mesa “lineales”. Son los clásicos juegos de carrera en los que una ficha avanza paso a paso por un recorrido numerado, a menudo en una línea recta o serpenteante.

Piensa en juegos en los que un niño lanza un dado que muestra cinco puntos y luego mueve su pieza cinco casillas hacia delante, aterrizando en una casilla etiquetada “7” o “12”. En esa acción sencilla, entran en juego varios conceptos clave a la vez.

Habilidades concentradas en un solo movimiento

Cada turno en un juego lineal refuerza discretamente varias ideas matemáticas:

Acción del juego Habilidad matemática reforzada
Contar los puntos del dado Conteo preciso y subitización (reconocer pequeñas cantidades de un vistazo)
Mover la ficha paso a paso Correspondencia uno a uno entre palabras de conteo y objetos
Caer en una casilla numerada Vincular números dichos en voz alta con cifras escritas
Comprobar quién va “por delante” Comprender el orden y la comparación de números

A lo largo de decenas de turnos, los niños repiten estos procesos muchas veces. Como la actividad se siente como juego, se mantienen implicados y suelen perseverar más que con ejercicios tradicionales.

Repetición, placer y cómo aprenden de verdad los niños

Los niños pequeños aprenden mejor haciendo, no solo escuchando. Los juegos de mesa encajan perfectamente con ese estilo natural de aprendizaje. Cada partida es un pequeño laboratorio donde pueden probar, fallar, volver a probar y refinar gradualmente su comprensión.

El metaanálisis citado en Review of Educational Research subraya este punto. Cuando los conceptos matemáticos se integraban en rutinas agradables, los niños no solo practicaban con más frecuencia, sino que también mostraban una retención más sólida a lo largo del tiempo.

Los ejercicios mecánicos suelen generar resistencia; un tablero colorido y una risa compartida alrededor de la mesa casi nunca.

De manera crucial, los juegos fomentan hablar sobre números. Adultos y compañeros dicen de forma natural cosas como “te faltan tres para alcanzarme” o “mira, has pasado del 6 al 9”. Estos comentarios informales ayudan a los niños a dar significado a los números más allá de recitar una secuencia.

Fáciles de encajar en aulas y hogares con poco tiempo

Para docentes y familias ya faltos de tiempo, el atractivo es evidente. Los juegos de mesa requieren poca preparación, se pueden reutilizar indefinidamente y encajan en huecos cortos del día.

Los investigadores señalan que sesiones tan breves como diez minutos pueden tener impacto si se repiten con constancia. Esto los hace adecuados para rutinas matinales en infantil, actividades extraescolares o el tiempo en familia a primera hora de la tarde.

Cómo los están usando los docentes

En los centros escolares, los docentes pueden rotar a pequeños grupos por una estación de juego mientras otros trabajan en tareas diferentes. Esto mantiene un número manejable de niños alrededor del tablero y permite a los adultos escuchar de cerca cómo cuentan y razonan.

Los juegos pueden adaptarse con facilidad: usar dos dados en lugar de uno para introducir la suma, pedir al alumnado que prediga dónde caerá antes de moverse o invitarles a diseñar su propio recorrido numérico como actividad posterior.

Qué pueden hacer las familias en casa

Los padres no necesitan formación especializada ni materiales caros. Los juegos básicos comerciales se pueden reutilizar con pequeños ajustes. Cambiar casillas de colores por casillas numeradas, añadir tarjetas de retos sencillos o pedir a los niños que expliquen cada movimiento puede profundizar el efecto de aprendizaje.

Diez minutos centrados alrededor de un tablero pequeño pueden hacer más por el sentido numérico temprano que otra app en una tableta.

Elegir los tipos adecuados de juegos de mesa

No todos los juegos familiares trabajan la numeración del mismo modo. Los juegos de palabras, los de estrategia y los de memoria tienen sus propios beneficios, pero la evidencia es más fuerte para diseños en los que los números son visibles y centrales para avanzar.

Cuando el objetivo es apoyar las matemáticas tempranas, los especialistas suelen recomendar juegos que:

  • usen un recorrido claramente marcado con casillas numeradas;
  • exijan contar puntos, casillas o fichas en cada turno;
  • muestren cifras lo bastante grandes como para que los niños pequeños las lean;
  • ofrezcan oportunidades de comparar “más” y “menos” o “por delante” y “por detrás”.

Modificaciones simples pueden aumentar el reto a medida que los niños crecen. Para alumnado algo mayor, los tableros pueden incluir casillas que pidan sumar o restar números pequeños, o elegir entre dos rutas en función del cálculo.

Términos clave que suelen oír las familias

La investigación en didáctica de las matemáticas utiliza jerga que puede intimidar. En estos estudios aparecen dos conceptos de forma recurrente:

  • Competencia numérica: el conjunto amplio de habilidades implicadas en comprender y usar números en situaciones cotidianas.
  • Sentido numérico: una intuición más inmediata sobre cómo se relacionan los números entre sí; por ejemplo, saber que 8 está cerca de 10 o que 12 puede formarse a partir de 7 + 5.

Los juegos de mesa apoyan ambos. El conteo repetido fortalece la competencia numérica, mientras que la comparación constante de posiciones y cantidades va afinando gradualmente el sentido numérico.

Escenarios prácticos: cómo se ve esto en la vida real

Imagina a un niño de cuatro años jugando a un juego de recorrido con un progenitor. El niño lanza el dado, ve cuatro puntos y mueve su ficha contando en voz alta: “uno, dos, tres, cuatro”. Cae en una casilla marcada con un “6”. El adulto comenta con naturalidad: “Estabas en el 2 y has avanzado cuatro casillas, ahora estás en el 6”.

Sin ninguna lección formal, el niño ha rozado ideas tempranas de suma, secuenciación y el vínculo entre cantidad y símbolo. Repetir esto dos veces por semana durante unos meses puede construir una base intuitiva sólida que más tarde sostendrá operaciones escritas y problemas más abstractos.

En un aula de 1.º de primaria, un juego similar puede servir para identificar a alumnos que tienen dificultades en silencio. Un niño que cuenta mal las casillas de forma repetida o no puede asociar números dichos con los impresos puede beneficiarse de apoyo específico antes de que las brechas se agranden.

Beneficios, límites y combinaciones inteligentes

La investigación no afirma que los juegos de mesa sustituyan la enseñanza formal de matemáticas. Funcionan mejor como complemento, no como reemplazo. Cuando se combinan con instrucción clara, cuentos sobre números y conversaciones cotidianas sobre dinero, tiempo o cocina, el efecto puede acumularse.

También hay beneficios sociales y emocionales. Respetar turnos, gestionar la frustración de perder, negociar reglas y prestar atención a las jugadas de los demás contribuyen a la convivencia en el aula y a la dinámica familiar. Estos aspectos no aparecen directamente en las puntuaciones de pruebas, pero influyen en lo cómodos que se sienten los niños al aprender.

Usados con criterio, los juegos de mesa convierten lo que muchos niños temen -las matemáticas- en algo compartido, concreto e incluso agradable.

Para colegios con presupuestos ajustados y familias que no saben por dónde empezar, el mensaje que dejan los datos es sorprendentemente tranquilizador: un recorrido de cartón, una ficha y un dado pueden bastar para que las matemáticas tempranas pasen de ser abstractas y estresantes a tangibles y motivadoras.

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