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Una psicóloga afirma: “La mejor etapa de la vida empieza cuando uno comienza a pensar así”.

Mujer escribiendo en un cuaderno en una mesa con taza, teléfono y vela encendida; plantas al fondo en una habitación iluminad

Many of nosotros damos por hecho que nuestros días más felices están guardados a buen recaudo en el pasado, pero un psicólogo dice que el verdadero punto de inflexión es mental.

En lugar de preguntar cuántos años tenías cuando fuiste más feliz, el psicólogo español Rafael Santandreu sugiere hacer una pregunta distinta: ¿cuándo empezaste a pensar de otra manera sobre tu vida?

Por qué seguimos idealizando el pasado

Cuando se pide a la gente que nombre la mejor época de su vida, a menudo mira hacia atrás. La infancia, los años de universidad, los primeros amores, los primeros sueldos. El guion es conocido: «antes todo era más sencillo».

Los psicólogos dicen que la nostalgia es poderosa porque la memoria elimina lo aburrido, lo doloroso y lo rutinario. Recordamos las vacaciones en la playa, no el largo viaje en coche con discusiones en el asiento de atrás.

A menudo se elogia la infancia por su inocencia y su juego, pero también es una fase de dependencia. Los niños tienen poco control sobre dónde viven, qué comen o cuánta seguridad sienten.

La juventud, por su parte, está cargada de oportunidades, pero las investigaciones muestran una y otra vez niveles altos de ansiedad, estrés financiero y comparación social entre los adultos jóvenes.

La vida posterior trae su propia mezcla: algunas personas mayores refieren un mayor equilibrio emocional, pero otras se enfrentan a la soledad, la enfermedad o una menor independencia. La ciencia no se ha puesto de acuerdo en una única «edad más feliz».

«La mejor etapa» no es una edad, sino una mentalidad

La idea clave: la mejor fase de la vida comienza cuando pasas de quejarte de la realidad a apreciarla conscientemente.

Rafael Santandreu, psicólogo y autor español conocido, cuestiona la idea de que la felicidad alcance su máximo en una edad concreta. Sostiene que el punto de inflexión crucial es psicológico, no cronológico.

Para él, la vida cambia de verdad cuando una persona empieza a «pensar de la manera correcta»: no ignorando los problemas, sino negándose a organizar toda su identidad en torno a la insatisfacción.

Este cambio implica:

  • reducir las quejas constantes y la autocompasión
  • fijarse en detalles pequeños y cotidianos que es fácil pasar por alto
  • dar sentido a los momentos diarios en lugar de perseguir picos de euforia poco frecuentes
  • aceptar que la incomodidad forma parte de la vida, no que sea un fracaso personal

Según Santandreu, cuando alguien empieza a pensar así «con intensidad y enfoque», la mente va acompañando poco a poco. Cambia el clima emocional del día a día. El mismo trabajo, la misma pareja, la misma ciudad pueden sentirse diferentes, porque ha cambiado el relato interior.

De víctima a participante: un giro psicológico

Este enfoque encaja con varias corrientes de la psicología contemporánea, desde la terapia cognitivo-conductual hasta la terapia de aceptación y compromiso.

En muchos de estos métodos, la persona pasa de una postura de «víctima de las circunstancias» a una de «participante en la construcción de sentido». Eso no borra las dificultades, pero sí cambia la forma de procesarlas.

El cambio tiene menos que ver con forzar el positivismo y más con reducir hábitos mentales que añaden sufrimiento extra de manera constante.

Hábitos mentales comunes que bloquean esta transición incluyen:

  • Catastrofismo: dar por hecho que el peor resultado posible es seguro
  • Pensamiento de todo o nada: ver los días como «buenos» o «arruinados»
  • Lectura de mente: actuar como si supieras lo que otros piensan en negativo sobre ti
  • Atención selectiva a los problemas: pasar por alto lo que va bien

A medida que estos patrones se aflojan, se abre espacio para formas más neutrales y, a veces, más apreciativas de ver los mismos hechos.

Cómo puede empezar la «mejor etapa» a cualquier edad

El planteamiento del psicólogo es directo: tu mejor fase puede, técnicamente, empezar a los 18, 38 o 78, dependiendo de cuándo hagas ese cambio mental.

Sugiere que esta etapa a menudo comienza cuando los hitos externos decepcionan. El trabajo soñado resulta estresante. La relación ideal sigue teniendo discusiones. La libertad tan esperada de la jubilación convive con achaques y pérdidas.

En ese punto, la gente o bien se aferra aún más a la frustración o bien ajusta sus expectativas y prioridades. Quienes ajustan son más propensos a decir que la vida se vuelve más ligera, incluso si las circunstancias siguen siendo imperfectas.

Relato antiguo Relato nuevo
«Mi felicidad depende de alcanzar grandes metas». «Las metas importan, pero los hábitos diarios de atención importan igual».
«Antes todo era mejor». «Algunas cosas eran más fáciles y otras más difíciles. Ahora tengo recursos que entonces no tenía».
«Si me siento mal, es que algo va mal en mi vida». «Las emociones difíciles forman parte de estar vivo; aun así puedo elegir en qué me centro».

Qué significa en realidad «pensar de la manera correcta» en el día a día

La expresión puede sonar vaga, así que ayuda convertirla en conductas concretas.

1. Entrenar la atención, no perseguir la perfección

Las personas en esta etapa no necesariamente tienen vidas más fáciles. Simplemente ponen un esfuerzo deliberado en dónde descansa su atención.

En lugar de pasar el trayecto al trabajo ensayando discusiones o desastres, pueden notar la sensación del sol a través de la ventana, la pequeña amabilidad de un desconocido o el simple hecho de que su cuerpo les ha llevado a través de otro día.

No es una cura milagrosa. Las molestias y los problemas reales siguen ahí. Pero la «cámara» mental deja de hacer zoom exclusivamente sobre lo que va mal.

2. Reducir el reflejo de la queja

La mayoría nos quejamos por costumbre: del tiempo, de los compañeros, de la familia, de la política. Parte de eso une; otra parte refuerza la impotencia.

Con esta mentalidad de «mejor etapa», la queja se usa de forma más moderada y estratégica. La gente sigue expresando malestar, pero se pregunta si repetir la misma queja aporta valor o solo profundiza un surco de negatividad.

Una buena prueba es: ¿decir esto me acerca a la acción o a la conexión, o solo alimenta el resentimiento?

3. Ver la vida ordinaria como «suficiente» con más frecuencia

La investigación sobre bienestar señala una y otra vez placeres pequeños y regulares: comidas compartidas, amistades estables, rutinas que aportan sensación de ritmo.

Cuando alguien adopta el estilo de pensamiento de Santandreu, esas experiencias modestas dejan de ser ruido de fondo que se pasa por alto. Se convierten en fuentes válidas de satisfacción, no en premios de consolación.

Escenarios prácticos: cuándo puede activarse el cambio

Varios acontecimientos vitales suelen empujar a las personas hacia este reinicio mental:

  • Un susto de salud que hace que el funcionamiento diario se sienta menos automático y más valioso
  • Un revés profesional que pone en cuestión la idea de que el estatus equivale al valor personal
  • Una crisis de pareja que muestra hasta qué punto el estado de ánimo depende de la interpretación
  • Agotamiento (burnout), cuando el esfuerzo constante deja de parecer sostenible

En cada caso, la persona puede quedarse atrapada en la amargura o usar el impacto para reconsiderar en qué se centra su mente y cómo interpreta lo que ocurre.

Beneficios y límites de este enfoque

Los beneficios son claros en muchos estudios psicológicos: una mentalidad más apreciativa se correlaciona con menor estrés percibido, mejor sueño, relaciones más sólidas y una ligera mejora de algunos indicadores de salud física.

Hay límites. Problemas estructurales como la pobreza, la discriminación o una enfermedad crónica no se resuelven solo con un cambio de perspectiva. El trabajo de mentalidad va junto al apoyo social y médico, no en lugar de ellos.

Aun así, incluso en circunstancias duras, algunas personas refieren una sensación de dignidad y capacidad de decisión cuando eligen cómo relacionarse con su realidad. Eso parece estar en el núcleo de lo que Santandreu llama la «mejor etapa» de la vida.

De la teoría a la práctica: pequeños experimentos para iniciar el cambio

Para los lectores con curiosidad por empezar esta fase mental, los psicólogos suelen recomendar cambios diminutos y comprobables, en lugar de grandes propósitos.

  • Reserva cinco minutos al día para escribir tres cosas que no han ido mal.
  • Detecta una queja que repites a menudo y, durante una semana, sustitúyela por un paso de acción concreto o por el silencio.
  • Durante tareas rutinarias como fregar los platos o pasear al perro, busca deliberadamente detalles neutros o agradables.
  • Una vez por semana, comparte con alguien un momento que hayas apreciado, sin convertirlo en una broma ni en una disculpa.

Estos experimentos no borrarán el dolor ni arreglarán la vida de la noche a la mañana. Pero sí empiezan a entrenar al cerebro para notar algo más que las amenazas y los fallos. Según la visión de Santandreu, ahí es cuando la mejor fase de la vida empieza en silencio, independientemente de la fecha en la tarta de cumpleaños.

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